Espera,
tortuosa y eterna,
falta un segundo
y ahora son dos,
el tiempo se detiene
y la aguja gira en contrarreloj.
Ya se fue un minuto
y pronto serán dos,
pero la anciedad
me recuerda su presencia
y me señala nuevamente
a su fiel compañera:
la eternidad.
Se fue otro minuto
y se irá otro más
como ya se fue un cigarro
y ,hecho humo, este también se irá
junto a mi vida
y a mi edad
porque cada minuto es una vida menos
y ya he muerto y reencarnada
más veces que el propio diablo
en ser humano.
Ahí se va otro cigarro
de mis dedos manchados
de nicotica y repetisión,
al igual que el bigote
que pende sobre mis labios
y mi piel y mi alma
dentro de su antro,
perdido y ya sin encanto,
que se ha ido oscureciendo
junto con mis años y mis cigarros.
Finalmente se paró el reloj oxidado
junato a una pisada en la lejanía
y de la oscuridad sale
el motivo de mi espera,
tortuosa y eterna,
que se acerca, me mira y me besa,
y mi tiempo se retrasa,
vuelvo a ser joven
junto a mi alma
y observo mi reloj de plata reavivada
y me sorprendo al darme cuenta
de que sólo cinco minutos habían pasado
con pausa y sin calma.
Esto no es delirio
ni estoy exagerando,
estas son las palabras
de un hombre enamorado,
al que esta escena se le repetirá
un millón de veces más.
P A Z!
Yo creo que el corazón tiene agujas de plomo y engranajes contra-anciedad.
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